
Cuando Miguel me compartió su idea de escribir un libro sobre actuación y me invitó a ser parte del proyecto al encargarme de la definición temática, diseño instruccional y desarrollo, lo primero que pensé fue: «Este será un gran reto, porque lo común es que quienes hacen esto se limiten a transcribir sus clases en aula y ya»
Por fortuna, ese no era el plan. De haber sido así, no habría aceptado, porque estaríamos cayendo en ofrecer «más de lo mismo que ofrecen los otros», sin mayor reto creativo-editorial ni aporte.
Pusimos manos a la obra. Desde revisar audios de numerosas sesiones en los salones del SAH, analizar las versiones por escrito, establecer patrones temáticos, evaluar los que funcionarían para un instruccional en texto, marcar conceptos clave, investigar en distintas fuentes para confirmar y ampliar información, organizar en secuencia lógica, progresiva y ascendente, en fin. Tantas tareas por realizar para que el público lector reciba una propuesta de calidad, aunque ni siquiera imagine todo por lo que se tuvo que pasar a fin de generar las páginas que tiene entre sus manos.
